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sábado, 9 de noviembre de 2013

Artículo

Para comenzar el trabajo sobre nosotros mismos hacia el autoconocimiento, necesitamos seguir ciertas instrucciones básicas de este trabajo:
•Trabajar la no- identificación.
•Trabajar siempre la comprensión interna.
•Trabajar sobre la mentira.
•Minimizar la charla innecesaria.
•Trabajar sobre la fantasía o la imaginación acerca de nosotros mismos y el mundo.
•Observarnos a nosotros mismos.
•Abandonar el sufrimiento mecánico, substituyéndolo por el consciente o voluntario.
•Recordarnos a nosotros mismos.
•Verificar todo por nosotros mismos.

domingo, 20 de octubre de 2013

Espacio Mindfulness: No dar por obvio

"El arte de vivir... no consiste en andar descuidadamente a la deriva, ni tampoco en el aferrarse con miedo al pasado o al otro. El arte de vivir consiste en ser sensibles a cada momento, en considerar esos momentos como algo completamente nuevo y único, y en tener la mente abierta y totalmente receptiva”. --Alan Watts


"Intenta ser consciente y deja que las cosas sigan su ritmo natural. De esta forma, tu mente se volverá quieta en cualquier entorno, como una laguna clara y tranquila en medio de un bosque. Todo tipo de animales extraños y maravillosos llegarán a beber de esa laguna, y tú verás con claridad la naturaleza de todas las cosas. Verás cómo muchas cosas extrañas y maravillosas van y vienen, mientras tú permaneces ahí, completamente quieto".
-Ajahn Chah.

Reflexión

Somos seres que vivimos limitados en el tiempo; nacimos sin que tuviésemos ninguna influencia en ello (nadie nos preguntó si queríamos nacer) y algún día moriremos. Este devenir hace que se vuelva relevante el modo en el cual vivimos. Aparece la responsabilidad (entendida como nuestra capacidad de responder) como un tema de relevancia existencial.

Podemos vivir de diversos modos. Por un lado, está la alternativa de vivir sin mucha atención, dejándonos llevar por los patrones o las tendencias automáticas de nuestra mente, y por el otro, tenemos la alternativa es de darle cada vez más espacio a la atención y a la curiosidad, observando lo que está ocurriendo en el momento presente, sin dar las cosas por supuestas u obvias. Es sobre esta última actitud que tratará la reflexión de la presente pausa.

Seguramente en más de una oportunidad hemos pensado o dicho que ya sabemos lo que va a ocurrir, y se nos antepone o emerge la palabra: obvio. Y es que una de las características centrales de la condición humana es la de buscar la permanencia y congruencia a lo que nos ocurre. Pareciera que nuestro cerebro trabajara continuamente para darle sentido al mundo que vivimos, pero a la vez es innegable que a nuestro alrededor las cosas están siempre variando y nosotros vamos cambiando con ellas. Lo que consideramos obvio es, en gran medida, una explicación ad hoc y una construcción de nuestra mente.

Anteponer los propios pensamientos y juicios a la experiencia posee sin dudas un enorme valor adaptativo, ya que nos ayuda a tomar decisiones rápidamente. La dificultad se genera cuando lo que ya sabemos o nuestras ideas de cómo son las cosas ocupan todo el espacio y dejamos de percibir la novedad. El riesgo de lo que consideramos obvio se imponga es que ya no percibimos lo novedoso. En términos de calidad de vida, si nuestras etiquetas de las experiencias se vuelven demasiado dominantes, pueden impedir que nos sintamos vivos.

Cuando damos por obvio asumimos que ya sabemos cómo son las cosas. Si miramos un cuadro por ejemplo que ya hemos visto antes y lo volvemos ver, puede surgir el pensamiento “ya sé cómo es este cuadro, para qué lo voy a volver a mirar”, o le puedo prestar atención únicamente a lo detalles que ya había visto, dejando de lado otros aspectos que puedan resultar novedosos. Esta creencia de ya conocer va impidiendo que ingrese información fresca.

De acuerdo a la investigación en neurociencia, existen bases neurales diferenciadas que guardan relación con el observar desde lo obvio y con el abrirse a percibir lo novedoso. Engel, Fries y Singer lo denominan “procesos de arriba-abajo” y “procesos de abajo-arriba” respectivamente. Los procesos de arriba-abajo se refieren a cuando los estados cerebrales arraigados (lo que proviene del aprendizaje pasado o lo correspondiente a las características evolutivas personales, asociadas por ejemplo al temperamento) pueden alterar las activaciones emergentes de los circuitos neurales, y por lo tanto, modela la experiencia del momento presente. 

Según Siegel, los procesos de arriba-abajo se caracterizan porque diversas e importantes regiones del cerebro (como por ejemplo regiones límbicas, parietal y frontal) y sus representaciones de alto nivel, asociadas a la memoria (creencias y modelos mentales) influyen continuamente en la incorporación del procesamiento de percepción o información novedosa. Así, los procesos de arriba-abajo determinan y le dan un formato a la información que proviene de los sentidos.

Los procesos de abajo-arriba en cambio, suponen un retornar a los propios sentidos, con una actitud de apertura y curiosidad, en vez de dar por obvio. Esto sucede cuando se pone entre paréntesis las propias creencias y se dirige la atención hacia lo que está ocurriendo en el momento presente, hacia lo que están captando los sentidos. Incluso podemos reconocer aquello que se está pensando y sintiendo mientras se está haciendo. Neurobiológicamente, el procesamiento de abajo-arriba establece una vinculación entre la actividad neural de los sentidos y la corteza pre frontal, lo que permite que se esté consciente de lo que está ocurriendo momento a momento.

El procesamiento de abajo-arriba puede entrenarse mediante las prácticas de mindfulness, prestando atención directamente sobre cualquiera de los sentidos, incluyendo el prestar atención a lo que ocurre con la respiración y las sensaciones del cuerpo mientras están siendo percibidas.

Poner entre paréntesis los juicios, no dar las cosas por obvias y retornar a los sentidos puede transformarse en una práctica poderosa, ya que es algo que hasta cierto punto está bajo nuestro control. Las prácticas de mindfulness nos permiten cultivar sistemáticamente una actitud de apertura y curiosidad hacia lo que está ocurriendo en nuestra experiencia, abrirnos a la novedad de estar y sentirnos más vivos y conectados.


Práctica
Esta semana te invitamos a tener un especial cuidado con aquello que consideras obvio, volviendo a mirar continuamente lo que está ocurriendo en tu propia experiencia. La vida cotidiana nos ofrece un sinnúmero de oportunidades para volver nuestra atención al cuerpo y a los sentidos. 

Intencionalmente, en algunos momentos del día puedes realizar la práctica de observar un objeto con atención plena. Por ejemplo, puedes elegir realizar una actividad “aparentemente rutinaria” como comer una fruta, ducharte, mirar un cuadro o leer un libro, y dedicarte unos minutos para observarlos con atención, como si fuera la primera vez que lo haces, volviendo una y otra vez a tus sentidos. Si te distraes en algún pensamiento o idea, puedes tomarlo como parte de la práctica también, y luego retornar amablemente tu atención hacia tus sentidos y hacia las sensaciones del momento presente. Date permiso para realizar una práctica de atención plena durante unos minutos. Luego, si quieres puedes tomar notas de la actividad realizada.

Otra práctica interesante es la de reconocer cuando pienses o uses la palabra obvio. ¿La utilizas? Si lo haces, esta palabra puede transformarse en una muy buena señal de atención, cada vez que la pronuncies o pienses puede transformarse en una oportunidad para cultivar una mayor atención a lo que estás realizando. La palabra obvio puede ser una palabra clave que te indique: ¡Atención! es hora de volver a los sentidos y a la experiencia! Puedes aprovechar de retornar con amabilidad a lo que está ocurriendo y observar con una actitud renovada. Así, lo que llamamos obvio se puede transformar en una llave maestra  que nos invite a abrirnos a la sorpresa y al milagro de la vida que está transcurriendo y de la cual somos parte.

Que tengas una muy buena y poco obvia práctica.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Mindfulness: Escucha atenta

"La escucha atenta no es tanto una habilidad mental o un método como una actitud, un estado mental que combina la concentración y la atención con la curiosidad y el respeto” - Rebecca Shafir.

Reflexión

Practicar una escucha atenta es una acción que está al alcance de todos. Como seres humanos, contamos con esta capacidad innatamente, sin embargo, por diversas razones esta habilidad puede irse oscureciendo si no la practicamos cotidianamente. Escuchar con atención implica primordialmente tener una disposición de apertura a lo que esté sucediendo en el contacto con el otro. Por supuesto, esto no significa alcanzar una comprensión puramente racional o intelectual de lo que se está diciendo, sino que implica expresar nuestra capacidad de estar presentes, con humildad y receptividad.  Escuchar en plena presencia  es una acción que tiene más que ver con nuestra humanidad e inteligencia emocional que con nuestro oído o razón.

En general, los niños se dan rápidamente cuenta cuando alguien está presente, escuchando atentamente, o cuando alguien está distraído.  De igual forma, los niños valoran enormemente la presencia y escucha atenta de quienes les rodean. Seguramente todos recordamos algún instante de nuestra infancia en que algún adulto nos prestó una atención total, y en ese instante florecimos y confiamos en nosotros mismos. También la mayoría reconocerá por experiencia propia la experiencia de no haber sido escuchado con atención y el efecto que esto produce en nosotros. Cuando esto sucede consistentemente en una relación, poco a poco vamos perdiendo nuestra humanidad.

Escuchar atentamente no es lo mismo que“hacer como que escuchamos”, que es más bien una fórmula o técnica vacía, un artificio sin experiencia y profundidad. La capacidad de escuchar no se aprende memorizando una secuencia de pasos específicos o copiando actitudes corporales, sino que necesitamos más bien poner en práctica nuestra capacidad de desaprender, de detenernos y cuestionar nuestros hábitos y pensamientos. Recuerdo que en Plum Village, un monasterio en el sur Francia había un monje que se preguntaba a sí mismo: "¿Estás seguro?", como estrategia para no aferrarse a sus propias ideas preconcebidas sobre las cosas y como una manera de volver constantemente a mirar y escuchar como principiante.

La práctica diaria y regular de la atención, aumenta nuestra capacidad de reconocer las distracciones y retornar al momento presente, y por tanto es una manera efectiva de entrenar nuestra capacidad de escuchar con atención. Cultivar una escucha atenta nos permite no sólo reconocer lo dicho mediante el lenguaje verbal, también nos ayuda a establecer una comunicación más integral, captando qué nos dice la otra persona con sus gestos, su cuerpo, reconociendo también las circunstancias y el contexto en el cual se encuentra.

La escucha atenta, por supuesto, no está limitada a escuchar a los demás. Una parte primordial de la escucha es escucharnos a nosotros mismos, permitiéndonos reconocer con aceptación lo que nos ocurre en el momento presente, sea lo que sea. Escucharnos a nosotros mismos nos permite escuchar a los demás con mayor claridad. Si cultivamos cotidianamente la práctica de escuchar con atención, no sólo nosotros nos veremos beneficiados, sino todos  a nuestro alrededor, así la energía de la presencia y la escucha atenta se transformará en una poderosa práctica para estar más despiertos.

¿Puedes ver como ahora mismo ya estás practicando una escucha más atenta?

Práctica

¿Cuánto tiempo dedicas a escuchar atentamente a quienes aprecias? ¿Puedes estar atento, tanto a las palabras, como a los gestos, y a los anhelos, necesidades y sueños de quienes están contigo? En los diálogos que tienes en el espacio de trabajo, en tu familia y con los amigos: ¿Cuánto tiempo hablas y cuanto tiempo te dedicas a escuchar? ¿Escuchas con atención? Respecto a ti mismo/a: ¿Estás escuchándote con amabilidad? ¿Puedes darte el espacio y la escucha que mereces para acoger tus propias necesidades y anhelos?

Durante esta semana puedes practicar el escuchar con apertura y atención y el estar presente en tus comunicaciones con los demás. No hace falta hacer un gran esfuerzo, sólo basta con observar intencionalmente lo que sucede y practicar de a poco escuchar más atentamente. Nuestra capacidad de estar disponibles y receptivos es uno de los mayores regalos que podemos ofrecer a los demás y a nosotros mismos. Escuchar con atención es abrirnos al milagro de estar vivos.